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Pascua Juvenil 2010

4. La Oración

Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre,  venga tu Reino,  danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos  debe,  y no nos dejes caer en tentación.» (Lucas 11,1-4).

¿Qué es la oración?
La oración es a la vez algo fácil y difícil. Fácil porque hablar con Dios es algo que podemos hacer en cualquier momento, prácticamente en cualquier circunstancia. Y es difícil porque a veces no sabemos exactamente qué es hacer oración, porque las ocupaciones diarias nos absorben o simplemente porque hay una gran resistencia a sentarse un rato para hablar con Dios.  Para poder hacer bien la oración, para rezar bien, es importante entender qué es la oración.
                  
Orar es hablar con Dios, de tú a tú, como le habla un hijo a un padre. Y a Dios podemos decirle cualquier cosa: lo que vivimos, nuestras preocupaciones, lo que hemos logrado, en lo que necesitamos su ayuda, incluso contarle nuestro día tal y como lo haríamos con la gente a la que le tenemos confianza y le queremos. La oración es un dirigirse a Dios para alabarlo, agradecerle, reconocerlo y pedirle cosas que sean para nuestro bien.
Es buena idea conocer la definición de oración de algunos autores espirituales, santos, doctores de la Iglesia y el Santo Padre:

• No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (SANTA TERESA, Vida, 8, 2).

• La oración es la elevación del alma hacia Dios y la petición de lo que se necesita de Dios. (SAN PEDRO DAMIAN, en Catena Aurea, vol. III, p. 304)

• Oración es ese diálogo con Dios, de corazón a corazón. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 119)

• La oración es la elevación de nuestro corazón a Dios, una dulce conversación entre la criatura y su Criador. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración)

• La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por tanto, no podemos menos de abandonarnos a El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza [...]. La oración es, ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor. La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y amor. (JUAN PABLO II, Aloc. 14-III-1979)

El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica en síntesis que "La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes" (CEC 2590), es decir, pedirle lo que es bueno para nuestra alma y nuestra salvación. Cualquier cosa que sea contraria a esto, por supuesto que no nos la concederá, porque ante todo nos ama y nunca haría nada para hacernos daño.
En las definiciones anteriores encontramos varias palabras "clave" en el concepto de la oración: diálogo, elevación, adoración, tratamiento de amistad. En la oración nuestra mente se eleva a Dios para alabarlo y pedirle cosas convenientes a nuestra salvación.
Hay muchos tipos de oración, y conforme se avanza en ella la Gracia de Dios comienza a actuar más y más en el alma, pero no olvidemos nuestro concepto fundamental. Y respondiendo a la primera pregunta ¿Qué es la oración? recordemos que:

"La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes"(CEC 2590)

Cómo hacer oración

Estando en el lugar apropiado, “Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: busco tu rostro Señor; Señor, anhelo ver tu rostro.” (San Anselmo de Canterbury, Proslogión, cap.1)

Antes de hacer tu oración, determina cuánto tiempo vas a dedicarle. Aunque muchos autores dicen que es mejor "un ratito de oración bien hecha" que nada, también es cierto que es importante tener la disciplina y la fortaleza para dedicar un tiempo exacto en la oración. A veces sentimos que el corazón se nos desborda y podríamos estar fácilmente haciendo oración por mucho tiempo, al contrario a veces no tenemos ganas, estamos "secos" o tenemos dificultades para la oración y tras un par de minutos ya deseamos levantarnos. Como hacer oración requiere formar un hábito es buena idea comenzar con poco tiempo (por ejemplo cinco minutos), incrementando poco a poco el tiempo (media hora en la mañana y media hora en la tarde son una meta ambiciosa, pero adecuada para este mundo moderno). También debes notar que la oración es importante hacerla a hora fija para tener más disciplina y orden en tu vida.

Para empezar tu oración, recuerda el orden y las cosas que debes y puedes pedir en la oración.

Puedes también tomar un libro de lectura espiritual o las Sagradas Escrituras meditándolo y comentándolo con Dios en tu oración. "Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: "Señor, ¿qué quieres que haga?". (CEC 2706)
 

A quién se hace la oración

Cuando hacemos oración ¿A quién la hacemos? Estrictamente la oración podemos dirigirla a Dios en su Santísima Trinidad, a la Virgen y podemos pedir la intercesión de los santos y a los ángeles para que presenten nuestras oraciones al Señor.

Nuestras oraciones deben ser dirigidas a Dios. "No hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea comunitaria o individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso al Padre más que si oramos "en el Nombre" de Jesús. La santa humanidad de Jesús es, pues, el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre."(CEC 2664)

Y sin duda, el motor fundamental de la oración es el Espíritu Santo, pues siguiendo nuevamente al Catecismo ""Nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!», sino por influjo del Espíritu Santo" [1Co 12,3 .]. Cada vez que en la oración nos dirigimos a Jesús, es el Espíritu Santo quien, con su gracia, nos atrae al camino de la oración. Puesto que El nos enseña a orar recordándonos a Cristo, ¿cómo no dirigirnos también a él orando? Por eso, la Iglesia nos invita a implorar todos los días al Espíritu Santo, especialmente al comenzar y al terminar cualquier acción importante.

En dónde hacer oración

 

San Juan Crisóstomo decía que "Orar es siempre posible. (...) “Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en
vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina.” Como la oración es un acto de la razón y Dios esta en todas partes, podemos hacerla en cualquier lugar y en cualquier momento sin embargo hay lugares en los que la paz necesaria para comunicarse adecuadamente con Dios facilitan y hasta propician la oración.

Sin duda, el mejor lugar para hacer oración es frente al Santísimo Sacramento, pues ahí está Jesús Sacramentado quien nos ve y nos oye verdaderamente. El mismo Jesús que descansaba en Betsaida, a quien tocaban los enfermos esperando su curación, al que crucificaron en el Calvario y quien resucitó al tercer día está oculto en un pedacito de Pan. Ahí está verdaderamente Jesucristo. Por lo tanto, no hay un lugar mejor para hacer la oración que estando frente al Sagrario. Por diversas razones, por la dificultad de dirigirnos a un templo. Capilla, etc., nuestra casa puede ser el lugar ideal para hacer oración.

En resumen, recordemos:

  • La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición de bienes convenientes.
  • La oración se dirige siempre a Dios, por medio de Jesucristo su Hijo.
  • La oración, gracias a la presencia de Dios en todas partes, la podemos realizar en cualquier lugar, siempre y cuando nuestra mente se eleve y dirija a Dios.

DECÁLOGO PARA ORAR CON SENCILLEZ

1.- Tómate cada día dos minutos de tiempo para estar solo y en paz. Relaja tu cuerpo, tu cabeza y tu corazón.
2.- Habla a Dios con sencillez y naturalidad y dile todo cuanto te preocupa.
3.- Entra en diálogo con Dios cuando estés en el trabajo diario. Háblale, aunque sólo sea unos segundos, donde quieras que estés.
4.- No es necesario que uses fórmulas extrañas. Háblale con tus propias palabras. Él entiende perfectamente.
5.- Convéncete de esta verdad: Dios está contigo y quiere ayudarte.
6.- Tu oración es inmediatamente eficaz, más allá de tierras y mares y protege donde quiera que se encuentren tus familiares y personas queridas y hace que les llegue a ellas el amor de Dios.
7.- Cuando ores, reafirma la actitud Jesús de estar dispuesto a aceptar la voluntad del Padre.
8.- Pídele a Dios que te dé fuerza para hacer todo cuanto esté en tus manos, y el resto queda en buenas manos; en las suyas.
9.- Di una oración por aquellos que no te quieren o te han tratado mal.
10.- No te olvides de rezar por tu comunidad, por tu país y por la paz en el mundo.

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